¡NO quiero hacer los deberes!

dislexia (1)

Llega la tarde y después del colegio empieza en muchos hogares la “gran batalla” diaria por el tema de los deberes escolares.
Pataletas, quejas, lloros, súplicas y promesas de “ya lo haré más tarde”, “déjame ver un rato más la televisión”… o en otros casos… “no lo entiendo, por favor ayúdame…. “no lo sé hacer”…. Jornadas maratonianas de deberes que empiezan después de la merienda y que a veces terminan mucho después de la hora de cenar, hacen que éste se convierta en el momento del día más odiado tanto para los hijos como para los padres.
En estos hogares nos encontramos varias causas que están construyendo el problema. En ocasiones pueden presentarse individualmente pero lo más habitual es que sean diversos de estos factores los que interactúan entre sí y mantengan o incluso exacerben el problema.Conocerlas nos ayudará a no repetir los errores y a diseñar las estrategias adecuadas para reconducir la situación.

Ausencia de horarios establecidos, tiempo ilimitado.
Cuando no existen unos horarios bien delimitados corremos el riesgo de que los deberes sean la última tarea que queda por hacer después de un largo día de clases, actividades extraescolares, meriendas y juegos. Empezar a hacer los deberes a última hora de la tarde siempre será más costoso por el cansancio acumulado.
Sin embargo, aunque empecemos a primera hora de la tarde, tampoco es bueno contar sin un límite de tiempo ya que esto favorece que el niño tenga la percepción de que le sobra en exceso el tiempo. Por tanto, creerá que se puede permitir el hecho de postergar indefinidamente el momento de ponerse, para primero jugar o hacer sus actividades favoritas.
Al mismo tiempo, también ocurre que percibe que tampoco es necesario poner todo su esfuerzo e implicación en la tarea para resolverla de manera eficiente. Al final todo hace con más tiempo del necesario y mal.

Excesivas ayudas y apoyos educativos. Delegación de la responsabilidad.
Muchos niños son incapaces de escribir una sola línea si no tienen a alguno de sus padres todo el tiempo a su lado para resolver sus dudas y cuestiones al momento. Este hecho suele desencadenar un perverso sistema de falsas creencias entre padres e hijos. Los primeros creen que su hijo no puede llevar a cabo la tarea y dedican mucho más apoyo y atención del que es necesario, guiándolo excesivamente hasta llegar a dar demasiadas pistas contestando las preguntas o resolviendo los problemas. Bien en el momento de hacerlas o luego en la corrección, donde se hace de manera que el niño se mantiene de forma pasiva y espera que le ayuden a hacer todas las tareas sin tener que esforzarse cognitivamente. Esto no hace más que transmitirle al niño que no es capaz de lograrlo por sí mismo y deje de intentarlo para inmediatamente pedir ayuda en las sucesivas ocasiones en que perciba alguna dificultad.
Cuando este sistema perceptivo-reactivo está fuertemente establecido, puede derivar en situaciones en que el niño ha delegado totalmente la responsabilidad de hacer los deberes. Acostumbrados a que los tengan que perseguir para que se sienten, llegan a percibir que la responsabilidad última de hacer la tarea no es suya sino la de sus padres que deben recordárselo e insistir para ello.

Castigos y premios inadecuados.
A veces, para conseguir que hagan sus tareas los padres recurren a otra serie de estrategias y recursos que pueden empeorar el problema. Igual de peligroso puede ser el hecho de premiar como el de castigar si no se hace proporcionalmente. Por ejemplo: es igual de malo premiar con la compra de un videojuego si ha hecho los deberes una tarde, como lo es el castigarle un mes sin T.V si no los ha hecho. Castigo que difícilmente seremos capaces de hacer cumplir.
Se puede incentivar a los niños para que hagan sus tareas pero debemos recordar que no están haciendo ninguna otra cosa más que cumplir con su obligación y responsabilidad. No se debe premiar con cosas extraordinarias que salgan fuera de lo común ni que sean necesariamente premios que requieran la compra de cosas materiales.
A muchos niños les resulta mucho más motivador el poder bajar al parque un rato por la tarde o que vaya a jugar un amigo a casa, o salir el fin de semana todos juntos en bicicleta.

Sitio de estudio inadecuado.
Muchos niños quieren hacer los deberes en el salón, con la tele encendida, con sus padres cerca o en presencia de sus hermanos jugando alrededor. En otros casos, los mandamos a sus habitaciones llenas de juguetes, ordenadores, videoconsolas y pósteres en las paredes. En estos ambientes y situaciones puede llegar a ser muy difícil alcanzar el grado de atención y concentración necesario para llevar a cabo sus tareas.

Dificultades de concentración. Dislexia y TDAH.
Los niños que tienen dificultades específicas de aprendizaje como puede ser la Dislexia, Discalcúlia o el TDAH suelen tener muchas dificultades para realizar sus tareas. Bien por sus problemas en la lectura, comprensión y expresión escrita además de los problemas atencionales que acompañan a éstos trastornos. Sabemos que por la naturaleza de sus dificultades necesitaran más apoyos que otros niños que no las tengan. De todos modos también se podrán beneficiar de las siguientes técnicas y estrategias aunque deberemos adaptarlas.

En el caso del TDAH puede consultar aquí un artículo especialmente dedicado cuales son las mejores estrategias para  motivarles

Otro artículo especialmente dedicado a ayudar a niños con Dislexia

Para lograr acabar con el problema existen una serie de pautas y acciones que podemos poner en marcha:

Establecer un horario fijo.

Preferiblemente todos los días a la misma hora, lo más pronto posible para evitar el cansancio acumulado de toda la tarde. Elaborar un horario visual con todas las actividades que realiza durante toda la semana y dejando bien claro el espacio reservado a estudiar y hacer los deberes.
Buscar un sitio adecuado para el estudio.
Para facilitar la adquisición de una buena rutina de trabajo es esencial que el niño estudie en su habitación o en un lugar silencioso y libre de distracciones.
Disponer de una mesa despejada, con buena luz y con todos los materiales que necesite a mano. Conviene que la mesa se sitúe en frente de la pared y no directamente delante de una ventana para evitar la tentación de mirar por ella.

Elaborar un planning.
Sirve de gran ayuda hacer un planning en una pizarra o cartulina grande donde queden marcadas las diferentes horas con las que cuenta el niño para realizar sus actividades extraescolares y el tiempo disponible con el que cuenta para estudiar y hacer los deberes. La planificación deberá ser semanal y debe actualizarse cada día con las nuevas tareas, trabajos y exámenes que se van apuntando en la agenda escolar. Allí apuntaremos aquello que hay que hacer y en que momento del día. También resulta muy útil el establecer prioridades y poner un código a cada tarea según el grado de urgencia.

1. Urgente: para mañana
2. Prioritario: Faltan dos días
3. Complementario. Faltan tres días o más.

Esta herramienta ayuda mucho a organizarse, gestionar el tiempo, estudiar con antelación y poner coto a trabajos y estudio de última hora.

Poner un tiempo limitado. Utilizar un cronómetro

Este tiempo se verá modificado en función de la edad y las necesidades académicas del curso. Para niños que cursen primaria suele ser suficiente una hora de trabajo al día entre realizar los deberes y un pequeño tiempo de estudio. A partir de cursos de secundaria suele ser habitual tener que dedicarle una hora y media o más al día.

¿Cómo utilizar el cronómetro?

Es importante observar durante unos días previos cual es la capacidad atencional del niño y graduar los periodos de trabajo en función de ellos.
En el caso de no haber dificultades es suficiente con establecer periodos de trabajo de 45 minutos con 15 minutos de descanso.
En niños pequeños o con dificultades atencionales (Dislexia, Discalculia, TDAH) será suficiente empezar con periodos de 20 o 25 y luego ir aumentando paulatinamente. En ese caso los descansos tienen que ser más cortos. Máximo 10 minutos.
En el caso de que contemplemos que el niño necesita nuestra ayuda para realizar los deberes, le comunicaremos que estaremos allí para resolver sus dudas pero que lo haremos al final del tiempo estipulado.
Cuando haya terminado el tiempo de estudio y de resolución de dudas, se cierran los libros y ya no se permite continuar. De esta manera si no se han terminado, les comunicamos que tendrán que ir al colegio con los deberes sin hacer y ellos serán los que afronten las consecuencias.
Para llevar a cabo esta técnica es importante coordinarse previamente con su tutor o tutora escolar para comunicarle cual es nuestra estrategia a seguir para que estén atentos en la escuela y no se les olvide de revisar si tienen los deberes hechos. En caso de no tenerlos a punto, darles nuestra conformidad para que puedan ser castigados. Por ejemplo : quedarse sin recreo un día.
De este modo, la responsabilidad de la realización de sus tareas vuelve a recaer única y exclusivamente sobre los niños. Deben saber que estaremos allí para ayudarles a resolver cualquier duda, pero antes serán ellos los que deberán esforzarse para encontrar la solución y preocuparse para volver al día siguiente al colegio con todos sus deberes hechos.

El refuerzo positivo. Llevar un seguimiento diario, dar incentivos mediante un sistema de puntos.

Es muy importante utilizar el refuerzo positivo para ayudar a instaurar y mantener estas nuevas rutinas y hábitos en cuanto a los deberes y al estudio.
Los niños necesitan saber que sus padres les apoyan y reconocen su esfuerzo. Es por ello que debemos prestar atención cuando lo han hecho todo bien y decírselo.

También puede resultar de gran ayuda introducir un sistema de puntos que nos ayudará a realizar un seguimiento diario del esfuerzo y en el que los logros (puntos) podrán ser cambiados por recompensas.
Podemos otorgar un punto por cada conducta que deseamos instaurar:

  • Trabajar con el cronómetro
  •  Realizar el planning
  • Repasar y corregir los errores
  • Apuntar todos los deberes en la agenda

Al final de la semana, hacemos el recuento de puntos acumulados durante toda la semana y los intercambiamos por los premios que habíamos acordado previamente. Ya hemos apuntado anteriormente que es preferible optar por premios que no impliquen un dispendio económico ni sean siempre de naturaleza material.

Por ejemplo:

  • Dar una vuelta con los amigos
  • Bajar al parque
  • Que un amigo se pueda quedar a dormir a casa

Si hay un día en que las cosas no van bien, simplemente no se puntúa. No quitamos puntos conseguidos en días anteriores.

A  modo de conclusión, conviene recordar que para lograr un cambio en este tipo de situaciones hacen falta grandes dosis de paciencia, ser constantes y no decaer hasta lograr que adquieran una rutina y hábito diario. Es muy probable que se requiera cierto tiempo pero el esfuerzo merecerá la pena.

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